|
La fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia es Cristo, enviado
por el Padre. Dios, al llamarnos para que nos consagremos a Él, nos
destina a trabajar en el mundo por el establecimiento de su Reino.
Realizamos el apostolado a través de distintas actividades, aunque el
fin peculiar, es el cuidado de los miembros de la sociedad que sufren en
sus cuerpos las dolencias de su enfermedad. Somos conscientes de la
misión apostólica de la Iglesia. "Con la obra de nuestras manos, la
Iglesia sostiene a los ancianos; con el pálpito de nuestro corazón, la
Iglesia calienta las almas de los pequeños huérfanos; con el fervor de
nuestra entrega, la Iglesia asiste a los enfermos".
Nuestra función pastoral
tiene una gran importancia. Como Religiosas Enfermeras, consideramos y
atendemos la doble misión: la de Religiosa y la de Enfermera, para ser
fieles a la misión que la Iglesia ha puesto en nuestras manos. "Ternura
maternal para los que piden consuelo y ayuda; dulce fortaleza en las
intemperancias e indiscretas exigencias de los enfermos; ritmo dinámico
de vida y, al mismo tiempo, una calma constante que nos permita
sobreponernos a las circunstancias; prontitud, que no nos encuentre
desprevenidos; paciencia serena, alegre, un saber preveer y proveer que
nada olvida y nada descuida".
"Las Hermanas, en el cuidado de los
enfermos, no tendremos otra norma o medida que la caridad de Cristo. El
enfermo, como miembro predilecto de Cristo, tiene un alma redimida que
exige también todo nuestro cuidado y atención" "Serán objeto de nuestra
atención y consuelo los familiares del enfermo, a los que procuraremos
informar con claridad y sencillez. Les acompañaremos con sinceridad en
su preocupación y dolor, animándoles e infundiéndoles el valor cristiano
de la resignación." "Las Hermanas tendremos siempre presente que los
enfermos están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación
del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la
enfermedad, los achaques y otros sufrimientos".
" En cumplimiento de nuestro deber apostólico,
tendremos un trato respetuoso con todos los que cumplen su deber
profesional: médicos, especialistas, comadronas, etc. Cuidaremos nuestra
preparación técnica, que nos haga merecedoras de su confianza en el
aspecto profesional y más eficaces en el desempeño de nuestra difícil y
caritativa misión". "Seremos fieles colaboradoras del sacerdote, y para
los enfermos que lo soliciten, procuraremos que no les falte el consuelo
de los Sacramentos, teniendo un cuidado especial con los enfermos en
peligro de muerte".
|