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"¡Qué bonita es nuestra misión!
¡Qué hermoso nuestro quehacer de remediar la salud corporal y espiritual de nuestros hermanos enfermos y desvalidos!"


                                          (Madre Caterina )

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          La fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia es Cristo, enviado por el Padre. Dios, al llamarnos para que nos consagremos a Él, nos destina a trabajar en el mundo por el establecimiento de su Reino. Realizamos el apostolado a través de distintas actividades, aunque el fin peculiar, es el cuidado de los miembros de la sociedad que sufren en sus cuerpos las dolencias de su enfermedad. Somos conscientes de la misión apostólica de la Iglesia. "Con la obra de nuestras manos, la Iglesia sostiene a los ancianos; con el pálpito de nuestro corazón, la Iglesia calienta las almas de los pequeños huérfanos; con el fervor de nuestra entrega, la Iglesia asiste a los enfermos".

          Nuestra función pastoral tiene una gran importancia. Como Religiosas Enfermeras, consideramos y atendemos la doble misión: la de Religiosa y la de Enfermera, para ser fieles a la misión que la Iglesia ha puesto en nuestras manos. "Ternura maternal para los que piden consuelo y ayuda; dulce fortaleza en las intemperancias e indiscretas exigencias de los enfermos; ritmo dinámico de vida y, al mismo tiempo, una calma constante que nos permita sobreponernos a las circunstancias; prontitud, que no nos encuentre desprevenidos; paciencia serena, alegre, un saber preveer y proveer que nada olvida y nada descuida".

        "Las Hermanas, en el cuidado de los enfermos, no tendremos otra norma o medida que la caridad de Cristo. El enfermo, como miembro predilecto de Cristo, tiene un alma redimida que exige también todo nuestro cuidado y atención" "Serán objeto de nuestra atención y consuelo los familiares del enfermo, a los que procuraremos informar con claridad y sencillez. Les acompañaremos con sinceridad en su preocupación y dolor, animándoles e infundiéndoles el valor cristiano de la resignación." "Las Hermanas tendremos siempre presente que los enfermos están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros sufrimientos".

      " En cumplimiento de nuestro deber apostólico, tendremos un trato respetuoso con todos los que cumplen su deber profesional: médicos, especialistas, comadronas, etc. Cuidaremos nuestra preparación técnica, que nos haga merecedoras de su confianza en el aspecto profesional y más eficaces en el desempeño de nuestra difícil y caritativa misión". "Seremos fieles colaboradoras del sacerdote, y para los enfermos que lo soliciten, procuraremos que no les falte el consuelo de los Sacramentos, teniendo un cuidado especial con los enfermos en peligro de muerte".
 
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