|
CONGREGACIÓN PARA LA CAUSA DE LOS SANTOS
Vic
Beatificación y Canonización
De la Sierva de Dios CATALINA COROMINA
AGUSTÍ
Fundadora de la Congregación de las
Hermanas Josefinas de la Caridad
(1824-1893)
“Te bendigo, oh Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porqué has tenido escondidas estas cosas a los sabios y los
inteligentes y la has revelado a los pequeños” (Mt 11, 25)
El Señor tiene escondidos los misterios de su
Reino a los que se tienen como sabios según el mundo, y lo revela a los
pequeños. Entre los pequeños que han escuchado con docilidad la Palabra de
Dios y han seguido con dolicidad sus inspiraciones, está la Madre Catarina
Coromina Agustí, que con sencillez y humildad ha puesto de manifiesto el
rostro paterno de Dios hacia los más necesitados dedicándose a ellos con
todo su ser.
La Sierva de Dios nació el 19 de octubre de 1824
en Santa Eulalia de Pardines (Diócesis de Vic) de una familia de campesinos.
No pudo ir a la escuela y en los años de su juventud ayudaba a los suyos en
el trabajo del campo. Recibió sin embargo una adecuada formación cristiana
de los propios padres y del párroco. Frecuentemente hacía el piadoso
ejercicio del “Via Crucis” y recitaba el Santo Rosario. Por su
comportamiento y por su vida de piedad, las otras jóvenes la consideraban un
modelo de vida cristiana.
Cuando tenía cerca de 28 años fue a servir en
casa de un pariente y más tarde en la de un sacerdote, que le enseñó a leer
y a escribir. En 1855 se transfirió a Vic, donde continuó desempeñando su
trabajo y conoció varios sacerdotes, que la ayudaron a madurar
espiritualmente. Durante el tiempo libre que le dejaba el trabajo, visitaba
enfermos y los curaba con amor. Comenzó así a proyectar la fundación de un
Instituto para la asistencia domiciliar a los enfermos. En 1877 pudo coronar
su deseo: de hecho, el 29 de junio de ese año, con la aprobación de la
autoridad eclesiástica dio vida al Instituto de las Hermanas Josefinas de la
Caridad. Pero, después de pocos meses, las compañeras, que habían compartido
con ella el mismo ideal de consagración a Cristo, la abandonaron, porqué se
asustaron de la extrema indigencia con que se encontraban en su labor. La
Sierva de Dios, segura de que el Señor la habría ayudado a continuar la obra
que Él mismo le había inspirado, no perdió la serenidad. Y, en efecto, en
los años sucesivos, llegaron otras jóvenes dispuestas a ayudarle en el
apostolado. El 24 de junio de 1881 emitió los votos junto a otras 5
compañeras. Como Superiora General y formadora de las Novicias gobernó con
sencillez, dulzura y firmeza, confirmando sus palabras con el ejemplo de una
vida totalmente dedicada a la mayor gloria del Señor y al bien de las almas.
Para complacer a Cristo, al que ella se había consagrado, practicó con
empeño, constancia y dedicación amorosa las virtudes cristianas y
religiosas.
Fue sostenida por una fe sencilla y profunda que
le dio la fuerza de cumplir la voluntad divina y de llevar adelante el
proyecto de fundación a pesar de numerosos obstáculos. Sostenida por la
esperanza cristiana, solía afirmar: “Suceda lo que suceda, yo abrazo la
cruz; por las grandes dificultades que encuentro en el camino confío en la
Divina Providencia”. Fue devota de la Eucaristía, a la Virgen y a San José,
a quien confió su Instituto. Rezaba con fervor y a través de la oración se
encendía siempre más de amor hacia el Señor. Observó con exactitud los
mandamientos divinos, las enseñanzas de la Iglesia y la Regla del Instituto.
Fue caritativa hacia los enfermos, a los que asistía y servía con amor,
hacia los niños, a los que enseñaba con esmero el catecismo, y hacia las
hermanas, a las que servía con maternal cuidado. Se empeñó de que los
moribundos se reconciliasen con Dios y perdonó de corazón a los que le
procuraron mal.
Era prudente en las decisiones y, en las
situaciones más delicadas, pedía el parecer de personas sabias. Muchas
hermanas se dirigían a ella para pedir consejo y que las fortaleciera. Era
templada en el sueño, en la comida y en toda cosa. Se distinguió por el
espíritu de mortificación. Vivió la justicia con Dios y con el prójimo,
sincera y respetuosa de los derechos de los demás. Practicó la pobreza con
radicalidad evangélica, fue obediente a los Superiores y a la autoridad
eclesiástica y ejemplarmente casta.
En 1886, conservando el título de Superiora
General, fue sustituida de hecho, en el gobierno del Instituto, por una
hermana que era considerada más instruida. Esta situación le provocó dolores
y sufrimientos que ella soportó con fortaleza y humildad. En 1893 enfermo y
también durante esta última enfermedad se mantuvo siempre serena y amable.
El 11 de julio de ese año alcanzó la unión definitiva con el Señor.
En virtud de la difusa fama de santidad, el
Obispo de Vic inició la Causa de beatificación y canonización con la
celebración del Proceso Cognitivo (1985-1987), cuya validez jurídica ha sido
reconocida por la Congregación de las Causas de los Santos con decreto del
10 de febrero de 1989. Preparada la Positio, el 8 de noviembre de
1994 se tuvo la sesión de los Consultores Históricos. Después, según el
procedimiento ordinario, se ha instruido la investigación sobre si la Sierva
de Dios ha ejercitado las virtudes en grado heroico. Con resultado positivo,
ha tenido lugar el 15 de febrero de 2005 el Congreso peculiar de los
Consultores Teólogos. Los Padres Cardenales y Obispos, en la sesión del 17
de mayo siguiente, siendo Ponente de la Causa el Excelentísimo Mons.
Piergiorgio Silvano Nesti, C. P., arzobispo emérito de Camerino-San Severino
Marche, reconocieron que la Sierva de Dios Catarina Coromina Agustí vivió en
grado heroico las virtudes teologales, cardinales y todas las otras anejas a
ellas.
Sucesivamente, el abajo firmante Cardenal
Prefecto ha referido atentamente todo ello al Sumo Pontífice Benedicto XVI,
el cual, acogiendo los votos de la Congregación de las Causas de los Santos,
en fecha de hoy ha declarado: “En el caso y para los fines de que se
trata, consta la heroicidad de las virtudes teologales de la Fe, Esperanza y
Caridad tanto hacia Dios como hacia el prójimo, como también de las virtudes
cardinales de la Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, y de las
virtudes a ellas anejas, de la Sierva de Dios Catarina Coromina Agustí,
Fundadora de la Congregación de las Hermanas Josefinas de la Caridad”.
Su Santidad ha
querido también que este decreto fuera publicado e inserido en las Actas de
la Congregación de las Causas de los Santos.
Dado en Roma, el 28 de abril del Año del Señor 2006.
JOSÉ Card. SARAIVA MARTINS
Prefecto
L.+S.
+EDWARD NOWAK
Secretario
Pulsar
aquí para Decreto Original
|