Caterina captó en los labios de Jesús, la sentencia escatológica: "Estaba enfermo y me visitásteis; venid, amados de mi Padre, entrad en posesión de vuestro Reino".

VIC: Casa de la Calle Nueva, donde nació el Instituto.
El Señor se valió de una mujer humilde, pero de una vida interior intensa y rica, cuando la sierva de Dios retirándose con su sobrina María en la casa del señor Esteban Verdosa, calle Nueva nº 123, inició en la en la ciudad de Vic (Barcelona), -España- la fundación del caritativo Instituto, llevándose desde aquel día vida reglamentaria y religiosa. Eran cuatro las que se reunieron para empezar la fundación: Caterina, su sobrina María y otras dos doncellas, que animadas por el mismo espíritu de caridad, emprenden la tarea cuya finalidad apostólica y esencial era la ATENCIÓN AL ENFERMO, LA VELA A DOMICILIO, sin más complicación que la entrega caritativa y personal.
Los principios fueron sumamente difíciles, como suelen serlo los de aquellas obras que el Señor quiere que echen sus raíces en la abnegación y en el sacrificio para que consten con toda claridad sus ansias de perfección y firmeza. Aquella mujer se lo jugaba todo por amor de Dios y de los enfermos.
"Caterina, haciendo jergones en el piso de la Calle Nueva, para poder ayudar a los enfermos."
Las obras de Dios son purificadas en el crisol de la contrariedad. Y así fue para la obra de M. Caterina. Pocos meses después de aquella fecha memorable, las tres compañeras se fueron, dejándola sola; sola en medio de aquella dura prueba y con sólo la ayuda de Dios y la de su director espiritual.En los años sucesivos, el Señor premió la gran fe y la fidelidad de aquella hija amada, enviándole nuevas y santas vocaciones, que serían las raíces de su Instituto recién fundado.
El día 24 de Junio de 1881, la Madre y sus cinco compañeras hicieron sus primeros votos y recibieron el nombre oficial de JOSEFINAS DE LA CARIDAD, que le impuso la Iglesia, por labios de otros, cuando ya el pueblo las llamaba con otro nombre simpático y casero, muy local e intuitivo. Las llamaba chicas de la jícara, porque se les veía ir y volver, con los medicamentos en la jícara al estilo de la época, de las casas a la farmacia, y de la farmacia a las casas de los enfermos.
Caterina a pesar de sus 52 años, humilde y valiente al mismo tiempo, no dudó de emprender una construcción difícil, largamente esperada, eso sí, y acariciada. Los granos de trigo eran echados en el surco, el Señor de la mies daría el crecimiento.
Todos los años el día 29 de junio iba a expresar con un gesto emotivo, festivo, su veneración a la santa Madre Iglesia Católica en
la persona de San Pedro, en la imagen de San Pedro: se acercaba con la ternura de un corazón humilde y amoroso a besar el pie de la imagen del Príncipe de los Apóstoles en la Catedral de Vic.


